Mayo 21st
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10:41 am

Él se dio la vuelta hacia ella, que se había girado hacia la pared en su lado de la cama, y le pasó un brazo por el hombro.
—¿Mike?
Él le dio unos golpecitos en un pie con los dedos del suyo.
—¿Por qué no me dices todas las cosas que te gustan y las cosas que no te gustan?
—No se me ocurre ninguna en este momento —dijo él—. Dime tú las tuyas si quieres —dijo.
—Si prometes decirme luego las tuyas. ¿Me lo prometes?
Él volvió a darle unos golpecitos en el pie.
—Bien… —dijo ella, y se puso boca arriba, complacida—. Me gusta la buena comida, los bistecs con patatas doradas a la sartén, ese tipo de cosas. Me gustan los buenos libros y las buenas revistas; viajar en tren de noche, ir en avión, al menos cuando he tenido la oportunidad. —se detuvo—. Claro que no lo he dicho por orden de preferencia. Pero me gusta eso, volar en avión. Hay un momento, cuando despegas, en que sientes que te da igual lo que suceda. —Le puso una pierna encima del tobillo—. Me gusta quedarme levantada por la noche hasta muy tarde y luego quedarme en la cama toda la mañana. Me gustaría que pudiéramos hacerlo continuamente, no sólo de tiempo en tiempo. Y me gusta el sexo. Me gusta que de vez en cuando me toquen cuando no lo espero. Me gusta ir al cine, y luego beber cerveza con los amigos. Me gusta tener amigos. Me gusta mucho Janice Hendricks.Me gustaría ir a bailar por lo menos una vez a la semana. Me gustaría tener siempre ropa bonita. Me gustaría poder comprarles a los niños ropa bonita cada vez que la necesitan, en lugar de tener que esperar. Laurie necesita un conjunto nuevo, y en seguida, para Pascua. Y me gustaría comprarle a Gary un trajecito o algo. Ya es mayorcito. Me gustaría que tú también pudieras comprarte un traje nuevo. La verdad es que lo necesitas más que él. Y me gustaría que tuviéramos una casa propia. Dejar de andar de aquí para allá todos los años, o un año sí y otro no. Lo que más me gustaría —siguió— es que los dos pudiéramos llevar una vida cómoda y honrada, sin tener que preocuparnos del dinero y de facturas y de cosas de ese tipo. Estás dormido —dijo.
—Que no —dijo él.
—No se me ocurre nada más. Ahora tú. Dime las cosas que te gustan.
—No sé. Montones de cosas —masculló él.
—Bien, pues dímelas. Estamos hablando, ¿no?
—Me gustaría que me dejaras en paz, Nan. — Se dio la vuelta de nuevo hacia su lado de la cama y dejó caer el brazo fuera.

Carver, Raymond. “La esposa del estudiante”. ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (Traducción de Jesús Zulaika)

(Fuente: corcobaya)

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s.t.